A veces un periodista muy conocido de Canal Sur se metía conmigo cuando se enfadaba porque yo no tenía la carrera, y me llamaba intrusa. Tenía razón el hombre, para qué negarlo. Sin embargo he hecho algunas cosas, y alguna que otra entrevista, con el necesario sentido común de no llamar “Chiqui” al entrevistado por mucha confianza que tuviera. Y para dejar el “tía” en el contexto apropiado, que no es ni mucho menos en el ejercicio de una profesión seria, con carrera o sin ella.

A Irene Montero el paso por la Universidad no le ha dado charme: “Medidas superdrásticas, tía”. Fíjense que ha sido lo que más me ha llamado la atención del vídeo: no que conociera de antemano el riesgo del 8-M, eso ya se sabía, sino la poca vergüenza de reconocerlo como si no tuviera importancia, y las formas. Habrá quien diga que cada uno habla como Dios le da a entender, pero solo es cierto si lo hace donde no ostente representación pública. Un Ministerio tiene que ejercerse desde la dignidad, y el “Superfuerte, tía” suena a expresión de niñata, de persona intrascendente, de completa y absoluta choni.

Luego piensa una en la pareja vicepresidencial, y recuerda que no se le pueden pedir peras al olmo. No tienen más que ver a Iglesias diciéndole a Espinosa de los Monteros que cerrara la puerta al salir con una falta de estilo de corte parecido al de la “tía”, pero a lo mafiosillo. Fíjense si será aficionado Iglesias al Padrino de Coppola que en saliendo el vídeo su primera preocupación ha sido localizar a quien lo ha filtrado. “Muy fuerte, tía” “Hay que tomar una medida superdrástica, Chiqui”.

Les aseguro que me come la curiosidad de saber con qué cuento chino van a justificar esta vez a Irene Montero y cómo van a sacarla con bien cuando la Fiscalía la cite para declarar -que lo hará, porque el vídeo es una prueba irrefutable de que conocía el riesgo sanitario-. ¿Dirán que el vídeo es un fake? ¿Arremeterán contra los que piden la dimisión inmediata? Lo único seguro, y pongo la mano en el fuego, es que ésta “tía” no suelta el Ministerio. No, porque son especialistas en no hacer nunca lo que exigen a los demás, y porque además tienen que pagar el chalet.

Irene Montero atenta contra el mismo cometido de su Ministerio, que se supone interesado en la salvaguarda de la mujer, porque conociendo el riesgo de contagio masivo dió prioridad a los intereses de su partido y le importó tres pares de puñetas que mucha gente enfermara y muriera como consecuencia. Que lo reconociera en un tono de “me importa todo tres pepinos” es lo de menos, pero qué fuerte, tía, qué fuerte…