El sábado 23 de mayo Iván Espinosa de los Monteros pudo contemplar la concentración de coches en contra del Gobierno desde lo alto de un autobús de dos pisos. Digo esto porque desde esa altura se aprecia mejor la magnitud de la protesta, y el ambiente que reina entre los manifestantes.

“Esto es impresionante. Lo más parecido que yo ví es cuando ganamos la Copa del Mundo. Gente por las calles, con alegría, pacíficamente, expresando con toda alegría su derecho a protestar con banderas de España, sin un sólo incidente feo. Esto es una maravilla, realmente es increíble”.

Estas declaraciones no tendrían que ofender a nadie, en tanto expresan la comprensible satisfacción de ver el apoyo multitudinario a la iniciativa de la protesta, pero era de esperar que alguien viniera a sacarle punta al lápiz: algunos medios han criticado las palabras de Espinosa de los Monteros para dar la impresión de que con el término “alegría” ofendía a los muertos de la pandemia, y han señalado que las redes vapuleaban al diputado de VOX por dar una impresión festiva.

Extender los brazos expresa la alegría de estar viviendo un paso histórico hacia la libertad. El mejor homenaje a los muertos es trabajar para que no muera más gente

Quienes manejamos las redes sabemos que cada cuarto de hora pasa un tonto por el puente, y que siempre hay gente que da pábulo a malinterpretaciones. La izquierda, además, sabe muy bien tergiversar las cosas para sembrar discordia, y como no han podido criticar incidente alguno en la manifestación, han tomado las palabras de Espinosa de los Monteros como objeto de crítica. Y lo hacen los partidarios del Gobierno, que no se ponen corbata negra por los muertos y se parten de risa en el Congreso.

El diputado de VOX ha querido contestar a las críticas con un texto difundido a través de su cuenta de Telegram, cabal y claro, como tiene por costumbre:

“Veo a progres de todos los partidos (y algunos medios) indignados porque ayer dije que la gente se manifestaba ‘con alegría, cívicamente’. Pues claro que sí. La izquierda se manifiesta con odio, con agresividad, quemando contenedores, destruyendo mobiliario urbano, y lo de ayer fue una muestra de civismo (ni un incidente) y de alegría por poder expresar lo que tanta gente lleva tiempo sin poder compartir, y alegría por poder hacerlo conforme a ley, pese a los intentos de tantos por desmontar la manifestación finalmente autorizada.

Lo más curioso es que nos intenten callar o avergonzar, precisamente, los que más responsabilidad tienen en la terrible tragedia humana que estamos padeciendo. Los que gobiernan y deciden sobre la sanidad, y los que les apoyan, son los que tienen que estar avergonzados.

No nos van a dar lecciones de moral los que no han sabido responder a esta pandemia, los que no han provisto de equipos de protección individual a nuestros sanitarios, los que no han sabido gestionar miles de camas libres en hospitales de unas comunidades mientras en otras había saturación, los que han dejado morir a miles de ancianos sin tratamiento alguno, los que nos han impedido despedirnos de nuestros amigos y familiares fallecidos…

No, no nos van a avergonzar. Y eso es lo que ha cambiado y lo que más temen ellos: que denunciamos su falsa supremacía moral.

En esta pandemia ha quedado claro: la izquierda es un desastre gobernando, ha perdido su superioridad moral, y ha perdido la calle.

Los muertos nos producen tristeza e indignación. La esperanza, la nueva contestación, es lo que nos produce alegría. Y a ellos les pasa al revés. “