Las mentiras piadosas no dejan de ser mentiras. Da igual que a un loro le digas que es un delicado y grácil jilguero, el loro sabe perfectamente lo que es y se comporta como tal, así que esa mentira es inútil.

Pasa igual con las personas, y es la mar de gracioso observarlo. ¿Os habéis fijado en los saludos entre vecinas?, es la leche. “Uy Susanita pero qué delgada estás y quéu guapa te ves”, y la “Susanita” con cara de incredulidad, sus rulos y bata de güata en ristre, mira hacia su espalda para ver si hay alguien más, y no. Esa mentira aparte de intentar ser piadosa, es malintencionada, porque esa mujer que está en pleno maremágnum hogareño con cuatro monstruítos saltándola por encima no está para esas coñas.

Podéis imaginar a un comercial de fibra óptica aterrizar en un domicilio y tras llamar, y pasar un buen rato, aparece al abrirse la puerta un individuo en calzoncillos de algodón, con un huevo fuera (el que se está rascando con insistencia), los pelos de punta y cara de no haber dormido en una semana; y así con cara de cachondeo le dice “buenos días caballero”. Evidentemente las reacciones pueden ser variopintas dependiendo del estado de vigilia del visitado. Pero no se augura nada bueno en esa relación…
Las mentiras piadosas se crearon para vestir de mil mentiras una triste realidad, y lo demás son gilipolleces.
Si una mujer tiene verrugas en los dientes, pelos en las encias y el concepto “crema depilatoria” lo olvidó hace años, pues coño, no la llames guapísima que ella sabe que quieres quedar bien, y en el fondo quedas fatal. Simplemente trátala como un ser vivo que, al igual que tú, tiene sus defectillos y es de agradecer no mentarlos.
El tiempo y las putaditas de la vida nos pasan factura a todos, a unos de una manera y a otros de otra. Las buenas costumbres aconsejan decir algo agradable de la persona que tienes delante, pero no hay que pasarse porque estás rozando el límite del cachondeo y la falsedad maliciosa. Basta con una ligera referencia a algo positivo de su aspecto, algo que sea de verdad. Esa persona agradecerá siempre que se haga referencia a ese detalle sin generalizar en los otros.
Realmente la belleza o el buen aspecto son conceptos tan fugaces, que pretender estar siempre a la altura es imposible. Hay una linea roja imperceptible entre la realidad y la ficción. Si vives en esa ficción tu vida será una gran mentira que se prestará a la mala leche del que te sepa mirar.
Mirad a los ojos a la gente, veréis su particular belleza en ellos, porque os contarán la historia de su vida. Lo demás solo son mentiras piadosas, de esas que tanto joden porque todos sabemos como somos y conocemos nuestra realidad.
Tampoco es plan de encontrarte a la misma vecina en la calle, más o menos vestida civilizadamente y soltarle, “joder Susanita estás hecha un cristo, ¿has pensado en la eutanasia?”. Ahí pasáis directamente a la crueldad porque nadie merece que le digan eso. Pero tened en cuenta algo importante, es tan malo pasarse como quedarse corto. La solución está en ver la parte más agradable de la gente, así de sencillo.
Mirad sus ojos, de verdad, veréis como cambian….

Javier (Revo). 2020.