Ayer no pude por menos que recordar un maravilloso libro que leí en mi juventud, El Decameron de Giovanni Boccaccio, escrito sobre 1.349-1352, que trata sobre un enclaustramiento voluntario en Florencia de siete mujeres y tres hombres, intentando evitar el contagio de la peste que asoló Europa en 1.348.

Me acordé cuando estaba comparando las diferentes formas de enfrentarse con esta crisis del coronavirus, que están teniendo los países según los dirigentes políticos que rigen los destinos de sus ciudadanos.
Pasó por mi cabeza una crisis que padecimos con el tema del aceite de colza que unos desaprensivos comercializaron, habiendo sido ese aceite mezclado con anilinas que hicieron de esa mezcla un veneno que afectó a numerosas personas de un estrato social medio bajo y bajo, que compraron ese aceite asesino por garrafas para ahorrarse dos pesetas. En esa ocasión salió un ministro dando clases de medicina y diciendo que el daño provenía de un bichito que si se caía de la mesa se mataba. Pues señores no hemos superado ese nivel.
A diferencia de China, al parecer origen de la pandemia, que ha aislado toda una inmensa zona y actuado con cierta rapidez, ya nos enteraremos, espero, de más datos, de Italia que ha reaccionado con la celeridad que requería una situación de crisis en el norte de Italia, anulando concentraciones con carácter inmediato y teniendo a su población bastante informada, aquí en España nuestros “dirigentes” han decidido tratarnos como imbeciles como de costumbres y optado por actuar en su beneficio.
El día a día de la comunicación por parte de esta asamblea de facultad, que es este gobierno, ha sido minimizar el problema, intentando calmarnos para que no cundiera el pánico, de tal manera que las decisiones que tomaban fuera de nuestras fronteras se presentaban como de países que no gozaban de nuestro excelente sistema sanitario, no siendo precisó más medidas que estar atento a sí se tenía fiebre y se tosía con tos seca, saliendo un señor con pinta de profesor Bacterio despistado, argumentando que era una gripe un poco más fuerte en algunos tramos de edad. En el transcurso de los días la cuestión ha ido cambiando, no sin intentar esta pandilla de impresentables que nos gobiernan de sacar el máximo rédito posible de la situación.
Si observamos lo ocurrido vemos que en Italia y en toda Europa se evitaban las concentraciones, se anulaban partidos de fútbol o se jugaban a puerta cerrada, exposiciones de automóviles, desfiles de moda etc., en España se fomentaba por un lado las concentraciones de mujeres en defensa de yo no sé que, por qué ya los tienen, a mi juicio, todo ello para mayor beneficio de dos corrientes la de Calvo y la de de Montero, con exclusión obviamente de las que representaban otros partidos políticos que al parecer no eran mujeres.
Pero es que la oposición no actuaba de mejor manera ya que VOX mantenía una concentración donde reunió, creo, a nueve mil personas, con un dirigente que , espero que sin saberlo, contagiado ya por el virus. Tampoco la manifestación de policías a las puertas del Congreso fue más oportuna y la celebración de partidos en el fin de semana tampoco.
A todo esto el estadista VPO Sánchez, el bonito que no llega a atún, sale de su estado de hibernación y se coloca como prócer que estaba enclaustrado pensando en el bien de la nación y como ya había pasado el Aquelarre feminista, procede a hacer lo mismo o similar que ya había pensado y hecho Italia.
Quiero saber las consecuencias que ha tenido en el número de contagios la inacción del gobierno, o lo que sea, para evaluar convenientemente su gestión.