Con una copa de vino
ya galopa mi alegría,
y la noche se hace día
bajo las ramas de un pino.
Que me pierdo en el camino
cuando voy de rociero,
y me quito yo el sombrero
cuando diviso su ermita;
que la pena se me quita,
se me quita a mí el primero.

Se me quita a mí el primero
cuando bebo Manzanilla,
y voy de orilla a orilla,
en busca de ese lucero,
que me ilumina el sendero
haga calor o haga frío.
Con mi barca cruzo el río
por ver tu cara tan bella,
la cara de esa doncella:
Santa Virgen del Rocío.

Santa Virgen del Rocío,
Señora de las Rocinas,
bella rosa sin espinas,
Reina del corazón mío,
que entre el clamor y el gentío
iluminas al romero
y consuela al rociero
esa noche tan bendita,
cuando sales de su ermita
con tanta gracia y salero.

Enrique Romero Vilaseco
1 de junio de 2020
Lunes de Pentecostés